en la España medieval cuando el sonido de las espadas resonaba en los campos y los moros y los cristianos luchaban por cada palmo de tierra, vivía una leyenda que sobrepasaba la realidad su nombre era Rodrigo Díaz de Vivar pero el mundo lo conocía como el Cid Campeador era un caballero de honor inquebrantable una estratega brillante y un líder que inspiraba una devoción ciega en sus hombres, pero más que un guerrero el Cid era un protector un padre para sus soldados y para el pueblo que lo seguía fielmente el Cid sabía que su vida era un viaje constante hacia el final las batallas, aunque gloriosas desgastan el cuerpo y el espíritu sabía que algún día su espada dejaría de brillar y su caballo Babieca dejaría de galopar pero Su mayor preocupación no era su propia vida, sino el futuro de su gente, qué pasaría cuando él ya no estuviera para guiarlos, quién los protegería de la codicia de otros reyes o de la dureza de los inviernos, una anochecer de invierno bajo la luz tenue de las antorchas que iluminaban su tienda de campaña, El Cid tomó una decisión llamó a sus capitanes más leales y les mostró una serie de cofres pesados forjados en hierro y reforzados con bandas de bronce dentro de ellos brillaba el fruto de años de campañas y victorias monedas de oro romano joyas bizantinas perlas de Oriente y rubíes que parecían capturar el fuego del Sol este tesoro comenzó el Sith con su voz profunda y solemne no es mío pertenece. Que han luchado conmigo a las familias que han perdido a sus hijos en la batalla y a los que vendrán después de nosotros no debe caer en manos de Reyes avaros, ni ser gastado en lujos efímeros con la ayuda de sus hombres más fieles, el Cid llevó los cofres a un lugar secreto, una cueva oculta entre las rocas escarpadas de un cañón olvidado allí sellaron la entrada y marcaron el lugar con símbolos que solo sus descendientes podrían entender era un legado una promesa de que si la necesidad apretaba al pueblo, habría una mano amiga lista para sacarlos del apuro siglos pasaron la leyenda del Tesoro creció con cada generación se decía que el sitio escondió donde el halcón lo huela y donde el sol, no llega a mediodía muchos aventureros, no? Y ladrones buscaron ese lugar movidos por la codicia, pero ninguno logró encontrarlo la codicia ciega y el Tesoro no estaba para el que quisiera robar, sino para el que necesitaba salvar en un pequeño pueblo cercano a donde se decía que estaba al escondite vivía un joven campesino llamado Mateo Mateo no era rico su familia luchaba por sobrevivir. Gracias a la escasa cosecha de aceitunas era honesto trabajador y tenía un corazón puro que siempre ponía en primer lugar a los demás, una noche durante una tormenta eléctrica, que parecía quebrar el cielo Mateo tuvo un sueño vivido en su sueño vio una mano con guante de malla señalando un roble solitario en la cima de una colina barrida por el viento escuchó una voz que decía la ayuda. De la raíz abraza la roca para quien la comparte no la guarda al despertar Mateo no pudo sacudirse la imagen del roble, aunque el viento aullaba y la lluvia caía torrencialmente sintió una urgencia inusual. Tomó su pala y su vieja capa de lana y subió a la colina, llegó al árbol temblando de frío, pero con el corazón firme siguiendo las instrucciones de su sueño cabó al pie de la raíz más grande después de horas de esfuerzo su pala golpeó algo que sonó a madera dura y hueca Mateo cavó más rápido hasta descubrir la entrada de una pequeña cueva oculta por siglos de tierra y raíces con la linterna de aceite que llevaba entró allí en la penumbra vio los cofres del Cid intactos y magníficos mate. Quedó paralizado por la belleza del oro y las joyas por un segundo la tentación de guardar todo para sí mismo de asegurar una vida de lujos para su familia cruzó su mente, pero recordó el sueño la voz que decía para quien la comparte y pensó en sus vecinos los niños hambrientos los ancianos y medicinas el corazón del Cid no habría aprobado la varilla hizo una caravana con su vieja carreta y llevó los cofres al pueblo, esa misma mañana reunió al pueblo en la plaza y abrió los cofres ante todos esto pertenece a todos, dijo Mateo con lágrimas en los ojos es un legado de nuestro pasado para asegurar nuestro futuro el impacto fue inmediato y milagroso con el oro se construyó una escuela para que los niños aprendieran a leer y escribir preservando su historia. Se levantó un hospital donde los médicos curaban a los enfermos sin importar su dinero se repararon los caminos y se mejoraron los sistemas de riego asegurando cosechas futuras para que nadie volviera a pasar hambre Mateo en lugar de enriquecerse, se convirtió en el líder del pueblo, no por poder, sino por voluntad del pueblo quien lo veneraba por su honestidad y su generosidad se dice que esa noche en el cielo sobre el pueblo se vio la silueta de un caballero montando un caballo blanco mirando abajo con una sonrisa de orgullo paternal, el Cid desde el cielo supo que su tesoro había encontrado al dueño correcto demostrando que la verdadera riqueza no está en acumular oro, sino en compartirlo para construir una comunidad próspera y feliz.
en la España medieval cuando el sonido de las espadas resonaba en los campos y los moros y los cristianos luchaban por cada palmo de tierra, vivía una leyenda que sobrepasaba la realidad su nombre era Rodrigo Díaz de Vivar pero el mundo lo conocía como el Cid Campeador era un caballero de honor inquebrantable una estratega brillante y un líder que inspiraba una devoción ciega en sus hombres, pero más que un guerrero el Cid era un protector un padre para sus soldados y para el pueblo que lo seguía fielmente el Cid sabía que su vida era un viaje constante hacia el final las batallas, aunque gloriosas desgastan el cuerpo y el espíritu sabía que algún día su espada dejaría de brillar y su caballo Babieca dejaría de galopar pero Su mayor preocupación no era su propia vida, sino el futuro de su gente, qué pasaría cuando él ya no estuviera para guiarlos, quién los protegería de la codicia de otros reyes o de la dureza de los inviernos, una anochecer de invierno bajo la luz tenue de las antorchas que iluminaban su tienda de campaña, El Cid tomó una decisión llamó a sus capitanes más leales y les mostró una serie de cofres pesados forjados en hierro y reforzados con bandas de bronce dentro de ellos brillaba el fruto de años de campañas y victorias monedas de oro romano joyas bizantinas perlas de Oriente y rubíes que parecían capturar el fuego del Sol este tesoro comenzó el Sith con su voz profunda y solemne no es mío pertenece. Que han luchado conmigo a las familias que han perdido a sus hijos en la batalla y a los que vendrán después de nosotros no debe caer en manos de Reyes avaros, ni ser gastado en lujos efímeros con la ayuda de sus hombres más fieles, el Cid llevó los cofres a un lugar secreto, una cueva oculta entre las rocas escarpadas de un cañón olvidado allí sellaron la entrada y marcaron el lugar con símbolos que solo sus descendientes podrían entender era un legado una promesa de que si la necesidad apretaba al pueblo, habría una mano amiga lista para sacarlos del apuro siglos pasaron la leyenda del Tesoro creció con cada generación se decía que el sitio escondió donde el halcón lo huela y donde el sol, no llega a mediodía muchos aventureros, no? Y ladrones buscaron ese lugar movidos por la codicia, pero ninguno logró encontrarlo la codicia ciega y el Tesoro no estaba para el que quisiera robar, sino para el que necesitaba salvar en un pequeño pueblo cercano a donde se decía que estaba al escondite vivía un joven campesino llamado Mateo Mateo no era rico su familia luchaba por sobrevivir. Gracias a la escasa cosecha de aceitunas era honesto trabajador y tenía un corazón puro que siempre ponía en primer lugar a los demás, una noche durante una tormenta eléctrica, que parecía quebrar el cielo Mateo tuvo un sueño vivido en su sueño vio una mano con guante de malla señalando un roble solitario en la cima de una colina barrida por el viento escuchó una voz que decía la ayuda. De la raíz abraza la roca para quien la comparte no la guarda al despertar Mateo no pudo sacudirse la imagen del roble, aunque el viento aullaba y la lluvia caía torrencialmente sintió una urgencia inusual. Tomó su pala y su vieja capa de lana y subió a la colina, llegó al árbol temblando de frío, pero con el corazón firme siguiendo las instrucciones de su sueño cabó al pie de la raíz más grande después de horas de esfuerzo su pala golpeó algo que sonó a madera dura y hueca Mateo cavó más rápido hasta descubrir la entrada de una pequeña cueva oculta por siglos de tierra y raíces con la linterna de aceite que llevaba entró allí en la penumbra vio los cofres del Cid intactos y magníficos mate. Quedó paralizado por la belleza del oro y las joyas por un segundo la tentación de guardar todo para sí mismo de asegurar una vida de lujos para su familia cruzó su mente, pero recordó el sueño la voz que decía para quien la comparte y pensó en sus vecinos los niños hambrientos los ancianos y medicinas el corazón del Cid no habría aprobado la varilla hizo una caravana con su vieja carreta y llevó los cofres al pueblo, esa misma mañana reunió al pueblo en la plaza y abrió los cofres ante todos esto pertenece a todos, dijo Mateo con lágrimas en los ojos es un legado de nuestro pasado para asegurar nuestro futuro el impacto fue inmediato y milagroso con el oro se construyó una escuela para que los niños aprendieran a leer y escribir preservando su historia. Se levantó un hospital donde los médicos curaban a los enfermos sin importar su dinero se repararon los caminos y se mejoraron los sistemas de riego asegurando cosechas futuras para que nadie volviera a pasar hambre Mateo en lugar de enriquecerse, se convirtió en el líder del pueblo, no por poder, sino por voluntad del pueblo quien lo veneraba por su honestidad y su generosidad se dice que esa noche en el cielo sobre el pueblo se vio la silueta de un caballero montando un caballo blanco mirando abajo con una sonrisa de orgullo paternal, el Cid desde el cielo supo que su tesoro había encontrado al dueño correcto demostrando que la verdadera riqueza no está en acumular oro, sino en compartirlo para construir una comunidad próspera y feliz.