En los llanos secos de Aragón donde el viento cierzo, sopla tan fuerte que parece querer llevarse los tejados vivía un terrateniente llamado don Ruperto famoso por dos cosas sus campos de trigo y su avaricia, cobraba rentas altas a los campesinos contaba las monedas tres veces y si podía les quitaba hasta la sombra decía siempre en esta vida, el que no engaña no gana no sabía que un día llegaría a su pueblo, alguien que conocía esa frase mucho mejor que él Pedro urde males Pedro llegó caminando con las alpargatas gastadas, el sombrero ladeado y una sonrisa de esas que parecen inocentes hasta que miras dos veces vio el gran caserón de don Ruperto las mulas cargadas de sacos y a un lado a los campesinos contando sus pocas monedas. Con cara triste aquí huele a trigo y hasta cañería murmuró Pedro buen sitio para trabajar esa tarde se presentó en la casa grande buenas mi don saludó con reverencia exagerada. Soy Pedro trabajador, fino y barato don Ruperto lo miró de arriba a abajo desconfiado y qué sabes hacer tú de todo un poco cuido mulas vigilo campos y sobre todo guardo tesoros como si fueran míos a don Ruperto se le encendieron los ojos tesoros dices pedro. Bajó la voz. He trabajado para señores importantes todos tenían el mismo problema donde guardar el dinero sin que los criados lo roben, yo les construía, un escondite que ni el diablo encontraba aquello era Para los oídos de lavado y cuánto cobras por algo así poca cosa mi don respondió Pedro solo quiero comer dormir en el pajar y si me gusta cómo queda una pequeña recompensa Ruperto aceptó al momento bien, mañana al amanecer, empezamos esa noche Pedro escuchó a los campesinos en la taberna, se quejaban del terrateniente de las deudas de cómo les quitaba hasta el último grano Pedro sonrió para sí ricos tacaños. Siempre se muerden solos la lengua pensó al día siguiente Pedro llevó a don Ruperto al granero más apartado. Aquí estará su escondite Midón pero debe prometerme dos cosas la primera que nadie absolutamente nadie, sabrá dónde está ni su mujer ni su sombra. Que mientras yo trabajo usted no mira, y por qué no puedo mirar se quejó Ruperto porque así funciona el encanto improviso Pedro muy serio, si usted ve el truco el escondite deja de ser seguro los criados lo notarían en su cara don Ruperto dudó, pero su deseo de tener un tesoro invisible era más fuerte que su curiosidad está bien trabaja. Yo esperaré afuera pedro. Entró al granero con unas tablas viejas un saco y un poco de cal hizo ruido movió cosas pateó el suelo de vez en cuando gritaba. Ay, qué pesado está esto ya casi queda listo el hueco secreto don Ruperto al otro lado de la puerta, se comía las uñas después de un buen rato Pedro salió lleno de polvo listo, mi don bajo este montón de Hay un agujero con doble fondo nadie lo verá, solo usted sabrá que su fortuna duerme aquí Ruperto se acercó viendo un rincón aparentemente igual a los demás solo un poco mejor ordenado y de verdad nadie lo notará palabra de Pedro Urdemales dijo él poniendo mano en el corazón, pero recuerde nadie debe verlo abrir si quiere puedo hacer la prueba usted trae unas pocas monedas. Yo las guardo usted se va vuelve más tarde y vea que siguen ahí avariento y desconfiado Ruperto dijo de acuerdo, empezamos con poco fue a su cuarto fuerte cogió una bolsa con monedas de cobre y se la dio a Pedro este entró al granero, levantó la paja hizo como que habría algo y en realidad enterró la bolsa en un rincón. Para él, pero no para otros luego volvió a tapar todo, ya está. Ahora váyase de una vuelta por los campos y vuelva en media hora Ruperto obedeció murmurando al volver Pedro levantó la paja sacó la bolsa y se la enseñó. Lo ve nadie ha tocado nada Ruperto contó, sus monedas. Estaban todas empezó a sudar de emoción está bien Pedro esta noche cuando todos duerman traeré mi verdadero dinero y si tu escondite funciona te daré una buena recompensa Pedro sonrió, lo esperaré mi don esa noche, la luna apenas se veía entre las nubes don Ruperto apareció en el granero con un cofre pequeño lleno de monedas de plata y oro y otras dos bolsas más ni una palabra de A nadie susurró ni a mi sombra juro Pedro Pedro tomó el cofre y las bolsas como si pesaran toneladas hizo el mismo teatro movió la paja se agachó y en realidad los fue dejando cuidadosamente en un rincón, que él ya había elegido cerca de una rendija del suelo listo, se limpió las manos desde hoy su tesoro está tan escondido que ni yo lo encontraría sin mirar bien Ruperto se fue feliz y tranquilo sin notar la sonrisa torcida de Pedro al amanecer mientras el terrateniente todavía roncaba Pedro se levantó entró al granero recogió el cofre y las bolsas y los metió en un carro de heno que iba a salir hacia el pueblo, había hablado la noche anterior con el carretero, si ves que te doy esta palmada en el hombro tiras. Directo a la plaza y no preguntas nada en menos de una hora, el tesoro de don Ruperto iba camino del pueblo, pero Pedro no pensaba quedarse con todo se acercó a los campesinos en el campo y les dijo en voz baja hoy a la tarde. El viento traerá justicia venida a la plaza luego desapareció cuando el sol estaba alto don Ruperto fue al granero a acariciar su riqueza, levantó la paja y no encontró nada ni cofre ni bolsas ni una triste moneda de cobre Pedro rugió Pedro nadie respondió Pedro ya iba lejos en la plaza del pueblo el carro de heno se paró como acordado los campesinos llegaron curiosos sobre el carro Pedro levantó el cofre este tesoro gritó. Tenece a quien lo ha trabajado con sudor, no? A quien cuenta las monedas desde la ventana no repartió todo, pero dio a cada familia, una parte unas monedas para pagar deudas otras para comprar semillas y comida. Y tú qué te quedas Pedro preguntó una anciana Pedro sonrió lo mismo que siempre historias que contar y un par de suelas nuevas para seguir caminando en ese momento se oyó a lo lejos, a don Ruperto gritando como loco buscando a su tesoro y al bandido que se lo había robado, si pregunta por mí dijo Pedro mientras se alejaba decirle que soy el mismo que le enseñó su propia lección en esta vida, el que solo piensa en engañar, acaba engañado y así entre el polvo del camino y el viento de Aragón Pedro Urdemales siguió andando. Buscando al próximo rico avaro dispuesto a creer en escondites mágicos y olvidar que la verdadera trampa estaba en su propia codicia.
En los llanos secos de Aragón donde el viento cierzo, sopla tan fuerte que parece querer llevarse los tejados vivía un terrateniente llamado don Ruperto famoso por dos cosas sus campos de trigo y su avaricia, cobraba rentas altas a los campesinos contaba las monedas tres veces y si podía les quitaba hasta la sombra decía siempre en esta vida, el que no engaña no gana no sabía que un día llegaría a su pueblo, alguien que conocía esa frase mucho mejor que él Pedro urde males Pedro llegó caminando con las alpargatas gastadas, el sombrero ladeado y una sonrisa de esas que parecen inocentes hasta que miras dos veces vio el gran caserón de don Ruperto las mulas cargadas de sacos y a un lado a los campesinos contando sus pocas monedas. Con cara triste aquí huele a trigo y hasta cañería murmuró Pedro buen sitio para trabajar esa tarde se presentó en la casa grande buenas mi don saludó con reverencia exagerada. Soy Pedro trabajador, fino y barato don Ruperto lo miró de arriba a abajo desconfiado y qué sabes hacer tú de todo un poco cuido mulas vigilo campos y sobre todo guardo tesoros como si fueran míos a don Ruperto se le encendieron los ojos tesoros dices pedro. Bajó la voz. He trabajado para señores importantes todos tenían el mismo problema donde guardar el dinero sin que los criados lo roben, yo les construía, un escondite que ni el diablo encontraba aquello era Para los oídos de lavado y cuánto cobras por algo así poca cosa mi don respondió Pedro solo quiero comer dormir en el pajar y si me gusta cómo queda una pequeña recompensa Ruperto aceptó al momento bien, mañana al amanecer, empezamos esa noche Pedro escuchó a los campesinos en la taberna, se quejaban del terrateniente de las deudas de cómo les quitaba hasta el último grano Pedro sonrió para sí ricos tacaños. Siempre se muerden solos la lengua pensó al día siguiente Pedro llevó a don Ruperto al granero más apartado. Aquí estará su escondite Midón pero debe prometerme dos cosas la primera que nadie absolutamente nadie, sabrá dónde está ni su mujer ni su sombra. Que mientras yo trabajo usted no mira, y por qué no puedo mirar se quejó Ruperto porque así funciona el encanto improviso Pedro muy serio, si usted ve el truco el escondite deja de ser seguro los criados lo notarían en su cara don Ruperto dudó, pero su deseo de tener un tesoro invisible era más fuerte que su curiosidad está bien trabaja. Yo esperaré afuera pedro. Entró al granero con unas tablas viejas un saco y un poco de cal hizo ruido movió cosas pateó el suelo de vez en cuando gritaba. Ay, qué pesado está esto ya casi queda listo el hueco secreto don Ruperto al otro lado de la puerta, se comía las uñas después de un buen rato Pedro salió lleno de polvo listo, mi don bajo este montón de Hay un agujero con doble fondo nadie lo verá, solo usted sabrá que su fortuna duerme aquí Ruperto se acercó viendo un rincón aparentemente igual a los demás solo un poco mejor ordenado y de verdad nadie lo notará palabra de Pedro Urdemales dijo él poniendo mano en el corazón, pero recuerde nadie debe verlo abrir si quiere puedo hacer la prueba usted trae unas pocas monedas. Yo las guardo usted se va vuelve más tarde y vea que siguen ahí avariento y desconfiado Ruperto dijo de acuerdo, empezamos con poco fue a su cuarto fuerte cogió una bolsa con monedas de cobre y se la dio a Pedro este entró al granero, levantó la paja hizo como que habría algo y en realidad enterró la bolsa en un rincón. Para él, pero no para otros luego volvió a tapar todo, ya está. Ahora váyase de una vuelta por los campos y vuelva en media hora Ruperto obedeció murmurando al volver Pedro levantó la paja sacó la bolsa y se la enseñó. Lo ve nadie ha tocado nada Ruperto contó, sus monedas. Estaban todas empezó a sudar de emoción está bien Pedro esta noche cuando todos duerman traeré mi verdadero dinero y si tu escondite funciona te daré una buena recompensa Pedro sonrió, lo esperaré mi don esa noche, la luna apenas se veía entre las nubes don Ruperto apareció en el granero con un cofre pequeño lleno de monedas de plata y oro y otras dos bolsas más ni una palabra de A nadie susurró ni a mi sombra juro Pedro Pedro tomó el cofre y las bolsas como si pesaran toneladas hizo el mismo teatro movió la paja se agachó y en realidad los fue dejando cuidadosamente en un rincón, que él ya había elegido cerca de una rendija del suelo listo, se limpió las manos desde hoy su tesoro está tan escondido que ni yo lo encontraría sin mirar bien Ruperto se fue feliz y tranquilo sin notar la sonrisa torcida de Pedro al amanecer mientras el terrateniente todavía roncaba Pedro se levantó entró al granero recogió el cofre y las bolsas y los metió en un carro de heno que iba a salir hacia el pueblo, había hablado la noche anterior con el carretero, si ves que te doy esta palmada en el hombro tiras. Directo a la plaza y no preguntas nada en menos de una hora, el tesoro de don Ruperto iba camino del pueblo, pero Pedro no pensaba quedarse con todo se acercó a los campesinos en el campo y les dijo en voz baja hoy a la tarde. El viento traerá justicia venida a la plaza luego desapareció cuando el sol estaba alto don Ruperto fue al granero a acariciar su riqueza, levantó la paja y no encontró nada ni cofre ni bolsas ni una triste moneda de cobre Pedro rugió Pedro nadie respondió Pedro ya iba lejos en la plaza del pueblo el carro de heno se paró como acordado los campesinos llegaron curiosos sobre el carro Pedro levantó el cofre este tesoro gritó. Tenece a quien lo ha trabajado con sudor, no? A quien cuenta las monedas desde la ventana no repartió todo, pero dio a cada familia, una parte unas monedas para pagar deudas otras para comprar semillas y comida. Y tú qué te quedas Pedro preguntó una anciana Pedro sonrió lo mismo que siempre historias que contar y un par de suelas nuevas para seguir caminando en ese momento se oyó a lo lejos, a don Ruperto gritando como loco buscando a su tesoro y al bandido que se lo había robado, si pregunta por mí dijo Pedro mientras se alejaba decirle que soy el mismo que le enseñó su propia lección en esta vida, el que solo piensa en engañar, acaba engañado y así entre el polvo del camino y el viento de Aragón Pedro Urdemales siguió andando. Buscando al próximo rico avaro dispuesto a creer en escondites mágicos y olvidar que la verdadera trampa estaba en su propia codicia.